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patria robada
Si era verdad al fin
que había una patria,
mujer,
yo estoy desamparado,
sin nada,
me la robó el alma de tu cuerpo
cuando me abrió en canal con su mirada.
Y ya no tengo más patria que tus ojos
cuando me miran,
enseñando el origen de las cosas,
mostrándome el sentido de la vida.
No me queda más patria que tus manos
cuando me tocan
los muslos, los olvidos, las heridas,
y no responden de lo que provocan.
No me queda más patria que tu pelo,
profunda ilusión,
cuando entrelazo su aroma con mis dedos
y justifico la locura y la traición.
No me queda más patria que el sonido
de tu voz clara
en la ocho letras de mi nombre,
en tu forma de amar desesperada.
No me queda más patria que tus labios,
almas cargadas,
que me abren o me cierran los caminos
con besos clandestinos o palabras.
No me queda más patria que tu vientre
cuando me llama,
y soy capaz de atravesar marismas
o de cambiar el té por unas sábanas.
Al fin
no me queda más patria que tus pasos,
mujerpatria,
para andar el futuro, y que un día
miremos hacia atrás nuestras pisadas.
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